Por Max Villareal
Manuel Zendejas Lara fue siempre un muchacho muy introvertido, no muy social, que en cualquier relación que entablaba, se inhibía. No le placía participar en los trabajos escolares con nadie. Gustándole mucho la soledad, se enclaustraba en la casa donde habitaba con la lectura de una gran cantidad de libros de la biblioteca que poseía, ampliando sus conocimientos con las enciclopedias de la Juventud y la Estudiantil, que yo tanto le envidiaba, recibidas como regalo de su padre. Amaba la ciencia y la técnica y cualquier libro, revista y toda lectura interesante, la leía con avidez y acusiocidad. Él sabía mucho más de lo que nos enseñaban en la escuela.
Lo conocí en la Preparatoria, la de San Ildefonso, en un curso propedéutico. Quizá fui su amigo porque era el único con el que rivalizaba en matemáticas; en las demás materias siempre consideré que fue mi maestro. Una vez rota la barrera de su hermetismo, se tornaba locuaz, gustándole platicar conmigo de tantas cosas que él sabía y yo jamás imaginaba que existieran; pero no le gustaba exteriorizar sus conocimientos, no por egoísmo, sino por no destacar, por no querer sobresalir y se fijaran en su persona. Yo siempre lo increpaba y le exigía más atención a los estudios, diciéndole siempre:
¾ ¿Pero porqué sacaste ocho, si pudiste obtener tranquilamente el diez de calificación?
¾ Yo solo busco el pase de la materia para continuar los estudios y obtener el título; por eso vengo a la escuela; sino, no asistiría. Mejor me quedaría en casa, allí estudio mejor.
¾En realidad, no te entiendo. Puedes ser un alumno de excelencia y te recluyes en una mediocridad. Tú no deberías apellidarte Zendejas Lara, para mí tu eres Zendejas con P.
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Yo siempre, nunca he creído que existan. De pequeño escuchaba las historias que al finalizar las reuniones que mis familiares adultos organizaban, indefectiblemente platicaban. Yo, no creía nada de lo narrado; quizá llegaba a inquietarme aquel cuento que le sucedía a un estudiante de medicina, el cual había estado en un panteón y exhumó un cadáver para estudiarlo. Encontrándose dormido en su cama, a la medianoche escuchaba una voz de bajo profundo, primero lejana y que poco a poco se iba acercando repitiendo la misma oración rimada que decía: ¾"Vengo por mi asadura, que robaste de mi sepultura". --Hasta llegar a los pies de la cama y al jalarlo por las piernas, exclamando un aterrador gemido y repetía la oración, que a todos les ponía los pelos de punta:
¾"¡AAAHHHGGG! 'Te llevaste mi asadura y te irás conmigo a la sepultura!". --Yo callaba manteniéndome escéptico y solazándome con las caras de susto que mostraban todos los presentes.
No, nunca creí en los fantasmas ni en aparecidos ni en los muertos que regresan del más allá. Si bien es cierto que en las leyendas de las ciudades coloniales, todas leídas en mi juventud, hay casos verdaderamente apasionantes, en realidad no dejan de ser leyendas, conocidas de boca en boca y motivadas por el ambiente, la carencia de iluminación por las noches, aunado al reflejo titilante de las velas utilizadas, las altas y semioscuras construcciones coloniales, el ignorantismo del pueblo y la aplastante presión que ejercía en la sociedad, la iglesia dominante con sus ritos antidemoniacos, en esos tiempos en que aun no se olvidaban los asesinatos que aplicaba la Inquisición. a los no creyentes y a los que carecían del temor de Dios.
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Quizá se deba esta falta de respeto hacia ese tipo de misterios, un hecho que recuerdo siendo aún un niño de escasos nueve años. Dormía en una camita colocada en la misma habitación de mis abuelos paternos que me criaron y cuidaron durante mi infancia, cuando, muy entrada la noche, se escuchaba un ruido extraño, como un cascabeleo no metálico intermitente, que me despertaba. Por la mañana en cuanto me despertaba, le preguntaba a mi abuelo:
¾Abuelito ¿qué es eso que se oye por la noche? --y él, tranquilo me decía:
¾No te espantes hijo, han de ser los gatos.
¾¿Gatos?, cuáles, si ésos maúllan y lo que se oye, no son maullidos.
¾No te preocupes, en la noche si se repiten, salgo a ver qué es. –Los ruidos se repetían y mi abuelo no se levantaba. La noche en que éstos se escucharon más fuertes y por lo tanto, causaban más espanto, no esperé más y me levanté. Salí al patio lentamente para no despertar a mis abuelos. La noche muy obscura, no me intimidó; de momento los ruidos cesaron, recorrí con la vista y más con el oído todo el exterior de la casa y cuando me disponía a regresar a mi cama, se reanudaron. Paré la oreja y supe de donde venían los extraños sonidos: la azotea. Coloqué la escalera y subí, yendo directo hacia los tinacos. Bajo uno de éstos, un tanque lavador que funcionaba por medio de un émbolo de sifón que permitía descargar de golpe el agua almacenada, una gata y sus críos habían adoptado la parte baja del tinaco como madriguera.
Al acercarme, salieron todos de estampida haciéndome pegar un brinco por el susto y, el ruido cesó. Creyendo que ésta era la causa y que mi abuelo tenía razón, que eran los gatos, di la vuelta hacia la escalera; bajaba cuando el cascabeleo reinició. Me acerqué con cuidado nuevamente hacia el tinaco y observé entre la penumbra, que el lecho de los gatos obstruía el accionar del émbolo dejando pasar algo de agua cuyo nivel se recuperaba al estar floja la llave de alimentación y la cual en su irregular funcionamiento, producía el peculiar ruido. Retiré con un palo la cama de los gatos y cerré bien la llave y el extraño cascabeleo, terminó. Bajé, entré en silencio a mi pieza, me acosté y volví a dormirme.
Al levantarme, después de que mi abuela me arregló y me dio de desayunar, busqué a mi abuelo que se aprestaba para llevarme a la escuela y le comuniqué mi hazaña nocturna:
¾Abuelito, anoche arreglé lo del ruido extraño; subí a la azotea y un tinaco lo producía, no eran los gatos como a asegurabas ¿no te diste cuenta?
¾Sí, noté que saliste; pero pensé que irías al baño... --Por la noche, cuando mi padre regresó de trabajar, reunido con mi abuelo antes de que mi abuela le sirviera de cenar, escuché desde el lugar donde hacía mi tarea, lo que mi abuelo le comentaba:
¾Mira hijo, este niño anoche se levantó, recorrió toda la casa, subió a la azotea y solucionó el ruido que no dábamos qué lo producía. Según veo, no le tiene miedo a la oscuridad.
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Ya asistiendo a clases regulares, cursábamos diferentes bachilleratos, él, el de Ciencias, yo, Arquitectura. Para que me ayudara en mis asignaturas, fui varias veces a buscarlo a su casa. Al llegar, tocar a la puerta y no recibir respuesta, me daba la impresión que nadie la habitaba, siempre estaba sola y parecía abandonada; por eso, al salir de clases, mejor lo esperaba en su salón y no gustándole las bibliotecas, sólo la suya, partíamos directo a su casa.
Al llegar, entrábamos directamente al fondo del patio, que me figuraba ser el cuarto de servicio; cerraba la puerta e intrigado le preguntaba:
¾Oye, no hay nadie, siempre que vengo a buscarte, nadie sale. ¿Dónde están tus padres? ¿O alguno de tus familiares?
¾No viven aquí. --Me contestaba lacónicamente.
¾¿Entonces, con quién vives?
¾Con mis tíos.
¾Y ellos, ¿dónde están?
¾Trabajando.
¾¿Y quién te da de comer?
¾Yo, me dejan los alimentos preparados.
Todo me parecía muy extraño, claro, de acuerdo a su comportamiento; pero respetaba su vida, a mi me interesaba sólo estudiar en su compañía. Dejé mis apuntes sobre su escritorio observando muchos libros, uno frente a su silla, abierto, y le pregunté al leer el título muy extraño:
¾¿Y ahora qué estudias, Zendejas con P?.
¾Parapsicología y P.E.S.
¾¿Y eso, lo del final, con qué se come? --riéndose me dijo:
¾Percepción extra sensorial. Me apasionan los temas de fantasmas, desentrañar sus misterios, las sensaciones de telepatía y las videncias mentales retrospectivas y futuristas. --Por un momento permanecí callado analizando que a su carácter y personalidad, le caían de perlas estos extraños estudios. Sin dudarlo, le comenté que a mi no me espantaban los fantasmas ni la oscuridad ni los aparecidos ni los sucesos extraños, además, que no creía en nada de eso, buscándole siempre una solución natural, explicable, considerándolas siempre como unas patrañas, platicándole a continuación lo sucedido en mi infancia, a lo cual él me explicó:
¾Bueno, eso es debido a la capacidad de las personas, del grado sobre todo, de sus estudios. Seguro tú no te dejas engatusar por cualquier eventualidad, o acaso ¿no te gusta investigar?
¾Mucho, la carrera que seguiré lo requiere.
¾Creo, aparte de que deberías leer alguno de estos libros, que debo contarte mis experiencias sobre los espíritus y los sucesos paranormales… pero a lo que te truja Chencha: primero vamos a ver en que quieres que te ayude, ¿trajiste libro o sobre tus apuntes quieres que te explique?
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No compañerito, vamos a la biblioteca, a mi casa no te invito, primero porque mis padres andan de vacaciones y estoy sola con la servidumbre, y segundo, por que no te gustaría ir... ¿Sabes que en mi casa espantan?
Alana, una compañera de grupo cuyos padres son de origen alemán y dueños de una óptica enclavada en el barrio universitario, me pedía que le explicara unos problemas de trigonometría. Ese día no la podía complacer, pues saliendo de clases me tocaba ir al cine y a jugar billar con otro condiscípulo muy amigo mío; aunque cursaba el bachillerato de humanidades, congeniamos mucho desde la secundaria, plantel también universitario, en el cual asimismo, fuimos compañeros y desde ese tiempo, formamos un compromiso para ir a divertirnos con esas actividades extra escolares; pero al escuchar que espantaban, de inmediato le contesté y propuse:
¾¿Espantan? ¿De veras hay fantasmas? Espérame como a las siete en tu óptica, voy a buscar a un cuate que se las sabe de todas, todas, sobre este tema, te lo traeré y seguro te lo prometo, que ahuyentará a los fúnebres y no aceptados invitados de tu casa. Hasta la tarde.
Después de presentarle a. Zendejas con P., sin decirle que significaba la consonante, partimos cuando cerró la óptica con rumbo hacia el final de la calle Justo Sierra. Poco antes de llegar, me señaló la casa donde vivía; la observé: la fachada pertenecía al tipo colonial del siglo XIX, bien conservada; pero no a todo su esplendor. Pensaba comentárselo, cuando con sorpresa, en la banqueta frente al portón de la casa, estaban las sirvientas:
¾¿Qué pasó, porqué están afuera? --Preguntó Alana con asombro.
¾¡Ay niña! Por lo que siempre le dicho: ¡espantan! Tuvimos que salir corriendo, pues nos apagan la luz y llega el muerto que ronca arrastrando unas cadenas. --Zendejas les pidió que abrieran y nomás cruzamos la puerta, las luces se encendieron. Alana se aferró a mi brazo y las sirvientas recularon hacia la puerta. La luz hizo que las mujeres se tranquilizan y avanzamos hacia el interior. Sólo habíamos dado unos cuantos pasos y nos quedamos a oscuras… Las domésticas profirieron sendos gritos de terror y la menor se puso a llorar. Zendejas, sin verme, me dijo:
¾¿Tienes miedo?
¾Para nada. Al contrario, me gustaría verificar que está pasando. Al mismo tiempo que encendía un cerillo, le habló a Alana:
¾¿Tienes una lámpara o de perdiz, una vela? -La sirvienta, no dándole tiempo de contestar a su patrona, habló: ¾Yo se dónde está, nada mas acompáñeme, yo no voy sola. --No tardaron, mi amigo con la lámpara y con una vela encendida, la mujer. Ésta se quedó acompañando a nuestra amiga y a la otra muchacha, al momento que Zendejas me dijo:
¾¡Sígueme! --Directo fue a la entrada, cerca del portón, buscando el tablero de los interruptores. En una caja empotrada en el grueso muro, lo vio. Al abrir la tapa brincó una rata que tenía su nido dentro. Me pidió detener la lámpara mientras sacaba su navaja multiusos, del estuche colgado de su cinturón. Limpió el interior de la caja, apretó los fusibles, que aún aquellos antiguos de rosca y laminilla integrada, subió el interruptor y la luz de inmediato se reanudó. Explicando que cada vez que la rata entraba o salía por los agujeros de los cables, estando flojos los fusibles ocasionando un falso contacto, movía el tapón y se interrumpía la energía eléctrica. Recomendó que el día siguiente taparan los agujeros y colocaran veneno para los roedores y con respecto al problema de la luz, este asunto se había aclarado.
Sentados a la mesa, mientras Zendejas tomaba mi lugar para explicarle sus dudas matemáticas a mi compañera, después de devorar una sabrosa merienda con la que la sirvienta en funciones de cocinera agradecía nuestra presencia, se escuchó un raro ronquido que provenía del techo. No pudimos hablar porque en ese momento entró la muchacha, corriendo muy asustada:
¾¡Ya llegó el muerto con sus cadenas! --La cocinera se hincó y se puso a rezar:
¾¡Animas del purgatorio, protégenos! ¡Sábana santa, cobíjanos! --Zendejas se puso de pie:
¾¿Cómo subimos a la azotea? Tomando la linterna esperó la indicación.
Al fondo de la casa, por una escalera de mampostería, tipo caracol, ascendimos. Recorrió todo el lugar escudriñando cada rincón de la azotea. Se detuvo, se asomó a la casa vecina, dirigió el haz de luz de la lámpara y me pidió que le consiguiera un pedazo de madera y le prestara mi cinturón.
Un tubo galvanizado proveniente de una bomba que elevaba el agua a los tinacos de la casa vecina, al vibrar, rozaba la pared de la casa; colocó el tarugo que le entregué entre la pared y tubo y el ronquido, de inmediato cesó. Luego unió su cinturón con el mío formando una lazada y de un fresno
que se mecía por el viento, en el patio vecino, atrapó una rama grande, la elevó, la detuve mientras él con su navaja cortaba las puntas de la rama que al mecerse, rascaba la pared produciendo el ruido metálico. Se levantó entregándome mi cinto y dijo, antes de bajarnos:
¾Asunto arreglado. No se volverán a escuchar los ronquidos del muerto.
Reunidos en torno a la mesa del desayunador en el interior de la cocina, nos comentó: ¾Ya ven, no hay fantasmas. Lo que sucede es que la casa es antigua, sus instalaciones son muy viejas y el con el ambiente interior, hacen proclive a figurarse cosas que no son, que sólo perviven en la imaginación de las personas; así que… tranquilícense, ya no habrá quien las espante. --Alana y yo impresionados, nos mantuvimos callados.
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Al día siguiente me extrañó que Zendejas con P. me preguntara por Alana, le había gustado y quería saber más de ella, tanto de la escuela como de su negocio, la óptica.
¾¡Oye! –le contesté-- qué raro que me preguntes por una muchacha, cuantas veces te he invitado a que me acompañes para reunirnos con las muchachas de la escuela comercial Lerdo de Tejada, ir al cine con ellas o a los Thés Danzantes y que me dices: que eso no va contigo; dime, ¿qué te pasa?
¾Nada me pasa. Me gusta y te pregunto: ¿es tu novia?
¾¡No hombre! Sólo es mi compañera de clase y amiga; así como tú me ayudas, yo le ayudo en lo que se le atora en matemáticas. Nada más.
¾Le voy a echar los perros… tú que crees… ¿me hará caso?
¾Tú aviéntate, si te dice que sí, qué bueno; si te dice que no, nada has perdido.
Caminando para tomar cada uno su respectivo autobús, reflexionaba sobre el carácter de mi amigo. Pensaba que por su introvertidismo nunca tendría novia ni mujer y mucho menos se casaría; por eso, me extrañó su deseo de cortejar a Alana y más me impresionó su siguiente pregunta que me paró los pelos de punta por lo inesperado, pregunta que contesté muy dubitativamente.
¾Otra cosa quisiera preguntarte, es muy íntima.
¾Si, dime ¿qué te puedo decir que no lo sepas?
¾¿Ya te acostaste con una mujer?
¾Sí.
¾¿Y fue buena la experiencia?
¾Excelente.
¾Pues yo no lo he hecho y tengo mucho miedo de hacerlo; pero son más mis ganas que el miedo.
¾¿De veras tienes ganas, usted mi serio amigo?
¾Claro, contra la naturaleza no se puede luchar. Muchas noches me he mojado y no lo considero que sea normal. Debo estar con una mujer y tu me ayudarás a que tenga mi primera experiencia.-¾Cuando quieras iremos a una calle que está llena de pirujas, allí puedes escoger a la que te guste, hay un chorro de ellas, para todos los gustos.
¾No, no quisiera que fuera una prostituta.
¾No la amueles, ¿entonces, con quién?
¾Tú debes saber. --Callado, pensaba en la bronca en que me metía mi cuate; pero algo se me ocurrió, no muy seguro; pero se lo propuse: ¾Conozco a una señora, nomás de saludo, muy seria en su vida privada, ¡pero sé que trabaja en un burdel! Allí no nos dejan entrar, aún somos muy jóvenes. Conozco su domicilio y podemos ir a visitarla; aunque mirándolo bien, de todos modos es una prostituta. No se si acepte recibirte, estamos muy jóvenes, pero nada perdemos con llegarle a su casa ¿qué dices, vamos?
¾Estoy listo… ¿podemos ir ahora mismo?
¾Si traes lana, ¡órale! lo que sea, que suene.
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Mira, por casos como el que presenciaste, he participado en muchos y siempre predominando en ellos el atavismo de la época colonial y sus leyendas, muchas de las cuales conoces muy bien. Podemos empezar recordando a la llorona, como clásico en todas las poblaciones, siempre se ha aparecido una mujer reclamando a sus hijos; pero nunca le ha hecho daño alguno a nadie ni se ha conocido a quien ha perjudicado. Es una aparición inofensiva. Luego el charro enano, el jinete sin cabeza; todos risibles, hasta las apariciones del mismo demonio en todas sus manifestaciones, claro, éstas se han dado con mayor penetración en el ánimo del pueblo, el común, el de menor preparación escolar.
En la actualidad podemos decir que todos estos fantasmas han desaparecido en las zonas urbanas, permaneciendo en las áreas rurales como leyendas, tanto en las poblaciones grandes como en las comunidades pequeñas, asociadas siempre en donde existen las famosas haciendas todavía en pie o en sus ruinas, provocando en los habitantes circundantes un temor reflejado a la oscuridad, a salir por las noches sin compañía, siendo por tanto la noche, el horario más propenso para la aparición de todo tipo de estos entes fantasmales o demoníacos.
Siempre he tratado de explicar que las apariciones no existen, y que los muertos, muertos están; sus cuerpos se han hecho polvo y como polvo no pueden volver al mundo de los vivos. Todo es producto del ambiente en que se vive, del estado de ánimo y conocimientos de las personas.
Hay un estado que merece especial tratamiento. No a la aparición física de los muertos, sino a la sensación invisible, espiritual, de la parte insustancial del cuerpo: el alma. No podemos negar su existencia. Es ésta, con la que el cuerpo ama, sufre, llora, se duele; la que percibe todas las sensaciones exteriores. Y es el alma la que al morir el cuerpo lo abandona y mientras ubica su posición en el espacio etéreo, flota a un lado del cadáver sin imaginarse que ya no está integrada a la unidad encarnada “cuerpo—alma”; aún considerándose corpórea y que es capaz de manifestarse ante nuestra presencia. Es en este estado cuando su manifestación puede ser espontánea o puede ser visualizada sólo por personas muy preparadas, llamadas “mediums”; pero hay que tener mucho cuidado, hay muchos impostores, muchos charlatanes, que ofrecen sus servicios para ejecutar esta encarnación o sólo su visualización.
El reporte general de los hombres que han sufrido la muerte y su regresión, mejor dicho, su resucitación, es el mismo. Se ve el mismo levitar sobre su cuerpo, ya sea esté en la cama, en la mesa del quirófano o en el lugar del accidente que lo privó de la existencia, observando a sus parientes que lloran por él; luego el túnel, la luz brillante, la sensación de tranquilidad, la aparición del hombre con su túnica alba que lo espera y ordena su regreso al mundo corpóreo, porque aún no es el tiempo de su muerte. Esto, es un ejemplo real de la existencia de nuestra alma y su incorporeidad.
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Reunido en su pequeño cuarto, Zendejas con P. me instruía sobre sus amplios conocimientos enigmáticos en pláticas que, desgraciadamente no duraron mucho, porque terminada la Prepa, nos vimos una sola vez más en la Rectoría de la Ciudad Universitaria, inscribiéndonos cada uno en su respectiva Facultad. Durante las vacaciones lo fui a buscar varias veces, encontrando siempre la casa vacía. Le pregunté la causa y me dijo, notando un dejo de tristeza en sus palabras:
¾Ya no vivo allí, mis tíos se fueron a provincia. Estoy viviendo en una casa de asistencia en condiciones muy jodidas. No tengo donde estudiar ni tengo mis libros; es posible que me cambie a otro lugar y me ponga a trabajar para subsistir, y tal vez... hasta deje de estudiar. Yo te busco en tu escuela para avisarte, suceda lo que suceda. Te lo prometo.
No sólo no cumplió su promesa; sino que no lo volví a. ver en muchos, pero muchos años…
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Alana continuó sus estudios en una Universidad privada, por tanto no nos veíamos muy seguido. Cierta ocasión fui a visitarla y al verla al frente de la óptica, previa presentación de su padre, me recibió con agrado:
¾Hola compañero, qué gusto me da verte.
¾A mi también. Te veo muy guapa. --Después de comentar sobre nuestros estudios y los programas que llevaba cada escuela, le solicité: ¾Vengo, aparte de saludarte, a que revises la graduación de mis antiparras. --Me pasé al interior de la óptica y mientras me examinaba con el optómetro, un poco sonriente, me preguntó:
¾Oye, que tu amigo el sabio, el fantasmal Zendejas, ¿está loco?
¾ ¿Por qué?
¾Fíjate que vino a verme varias veces, es muy inteligente, sinceramente no me cae mal. La última vez que vino, me pidió que fuera su novia; pero no me dejó contestarle. Me platicó que estaba muy jodido, que había aceptado un buen trabajo y en un plazo de dos años formaría un capital respetable y sería hasta entonces, cuando me podría ofrecer algo en concreto, le contestara. Sin dejarme expresar lo que sentía, se despidió y se fue. Yo creo que le falta un tornillo, pues ya pasó más de los dos años y ni sus luces se ven. Tanto antes como al vencimiento del plazo fincado por él, como ahora, también lo hubiera rechazado. Sabes bien que primero está mi carrera y nunca he pensado en novios y mucho menos en casarme. Tú me conoces bien como soy.
¾No te puedo decir nada... sólo que hay que comprenderlo… Me parece que abandonó sus estudios, dado que no hay quien lo apoye en su familia y que ésta vive en una forma muy extraña; además, desde que nos inscribimos como primer ingreso en la Rectoría, no lo he vuelto a ver…
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Mi padre falleció de un paro cardiaco. El síncope que le ocasionó Ia muerte le dio por la noche mientras veía la televisión. Por la vida que llevó, vivía en soledad. Al tercer día del nefasto suceso, los vecinos lo observaron a través de un espacio que dejaba la cortina de la ventana, sentado con la cabeza reclinada sobre su hombro y el televisor funcionando. Estaba muerto. Se comunicaron con mis tíos y con mi hermana para notificarles el deceso; conmigo no, aparte de desconocer mi domicilio, por aquellos tiempos trabajaba en Reynosa, Tamaulipas. Cuando me localizaron, me trasladé directamente llegué a la funeraria, minutos antes de que partiera el cortejo al cementerio.
Al día siguiente por la noche, en el primer rosario, mi hermana me platicó lo siguiente que no obstante de estar preparado para estoa casos, me alteró y sacó de quicio, pensando tener a mi alcance a mi antiguo amigo:
¾No lo vas a creer hermano, pasé algo extraño en el panteón... A la salida, el Director del lugar, como ante él firmé los documentos de ingreso, me detuvo y preguntó:
¾Perdone señora, ¿quién de sus familiares falleció?
¾ Mi padre, señor, ¿porqué? --le contesté. ¾Mire usted, muy seguido, desde hace tiempo, viene un señor a solicitar permiso para ejecutar algunas reparaciones y adaptaciones a una sepultura. Se hizo amigo tanto de mí como de los albañiles del cuartel. Esta persona, muy dicharachera, me platicaba que en esa tumba está enterrada su madre y que la arreglaba porque cuando él muriera, pediría que loi(f$l mismo sitia y
por tanto, 'Q_er!lI' gu,_to.
-Si, eso es oorre_t_; ¿porqué me lo dice? --Porque hoy durante el recorrido que hago por los cuarteles para supervisar que todo funcione bien, en el entierro de su familiar, lo vi a un lado de la fosa mirando hacia el féretro cuando éste descendía. Trate de acercarme para darle el pésame; pero lo note muy mal, muy desencajado, muy triste y no quise impoftunarlo. Pensé mejor hacerlc cuando regresara a solicitar su permiso acostumbrado o
--¡Seffor, eso no puede ser!
--Si seffora, lo vi muy bien, estaba vestido con un traj e azul\.. marino y una co_ba ta. oon rayas diagonales de color azul y amaiilloo No obstante de no estar acostumbrado a verlo vestido de esa manera, lo reconocí perfectamenteo
--_Le digo que no PQede ser!rorque la persona
J0)__t ' ' .
que usted vio y me describe, es mi padre, el mi_
mo que enterramos haoe unos momentoso
. . ..
El domingo siguiente me trasladé al panteón, entr4 a las oficinas y le pedí a la secretaria que deseaba hablar con el Directoro
-- ¿De parte de quién, seffor? -Saqué de mi cart_ ra una tarjeta y se la entregué. Se levantó, ley' la tarjeta y entró al privado y de inmediato 20
salió una persona delgada, oon la oara surc_da de rasgos muy serios, vestido oon un traje negro
de muohos botones retrata.ndo a. un verdadero em;!pleado de pompas fúnebres. Al verlo a los ojos, me pareció oonocido. El tipo se me quedó viendo
y bajando la. mirada ha.cia la tarjeta, me pregun_ té al mismo tiempo que me sorprendió:
--¿Aoaso eres tú mi compaffero de Prepa? ¡Yo soy
Zendejas, Manuel Zendejas.oo!
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-¿Tú, Zendejas con P? ¡Nunoa te hubiera recono
cido! ¿Qué haces aquí?
--Estoy al frente de este negocio o
--Nunca imagin_, dados tus conocimientos eDcon trarte en un luga.r como éste; aunque pensándolo mejor, es el sitio perfecto para tu afición a lo esotérico.
-Pues ya ves, fue muy difícil colocarme en oua! quier ohamba, sabía/mucho; pero nunca había trabajado. Mi familia me abandonó y tuve que dejar la carrera por hambreo Pero pásate y sid'ntate, creo que tenemos mucho que platicar ¿no e8 así? -Claro, pero vengo a otro asunto, ¿m__'p(@dríits atender primero? -Sentados frente a frente,escr! torio de por medio, sorbiendo una taza de ea!' caliente, fui al grano:
--Se trata de mi padre. Lo enterramos hace tres dias y mi hermana me comentó que plat!có contigo, nar_ndole que lo viste a un lado de BU fosa, ob aervando su propio antisro, ¿no es as!?
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--Si. -Me contestó con su habitual hermetismo.
--Quiero que me expliques que sucedió y me acom
paffes a su casa. He entrado buscando unos docu
mentos y siento una percepción que hace erizar
mis vellos. No tengo miedo; aunque no puedo av!
tar una angustia que me oprime el pecho. Pienso
que es mi pa.dre y trato de enta:blar plática con él; pero ha sido infructuoso. Ayúdame por favor y desentrafia este misterio; imagino que sigue siendo tu fuerte este tipo de sucesos, ¿o estoy equivocado?
--Estoy a tus órdenes.o. Si lo deseas y puedes, vamos hoy mismo, esp'rame un rato, luego te 1nvi to a comer y enseguida vamos a la casa, '¿_e .... tás de a.cuerdo?
. . .
--¿Terminaste tu carrera? ¿Cómo te ha ido? ¿Ya te casaste? -Platicando de sobremesa, ahora con la otra persGnalidad en la que no paraba
de hablar y hablar, _e preguntabao
"
--Si, bien, si y tengo tree hijoso
--Yo no me he casado. ¿Te aouerdas de Alana? Le
pedí que fuera mi novia y que regresar!_ después por la respuesta. No tenía dinero ni par_ comer mucho menos para vestirme y me apenaba que me viera en esas condiciones. Oonseguí buena chamba, me paga.ban bien; pero la cerraron por huelga. y otra vez abuscarleo De chamba. en chamba, junt' _Bo de lana y oompré una casita, la fui
"'1)
a buscar ¿y qué crees? ¡ya se había casado! Me dijo que me esperó los dos sffoa que le dije y
me presentaba siete sffos después. Note"","rifl\Sa
_re1r,pGr 10 que te digo: perdí la cuenta de los
affos Finalmente me pf_cieron este puesto,
gano bien, llevo muchos affos al frente y me pe_ mite dedicarle el tiempo suficiente a mi pasióni el estudio y mis libros. -Calló por unos momentos mientras bebía un sorbo de café y yo, un trago a mi brandy con refresco, Continuó; perG ahora sus palabras resonaban con tristeza: --Vivo solo, compafiero, sin nadie de mi familia a. quien ver, no sé donde estáncy'y'a no me interesa saberlo y, ¿te acuerdas de aquella seffora que me presentaste, la del burdel? Pues la se
gu! visitando por casi diez affos hasta que
en el lupanar d_nde trabajaba, la asesinaron_
I
Desde esa fecha, no he tenido ninguna relación
femenina...o ¿me crees?
. . .
Entramos en la casa de mi padre.. En cua.nto
crucé la puerta, se me enchinó elouero; lo mi_ mo creo, sintió Zendejas porque me ..dijo:
-Tienes razón, aquí hay algo, lo pero1\h0 d,!
me, ¿dónde murió tu padre y cual fue el último lugar,_n que estuvo?
--Aquí y allí. -Le sefialé el sofá y la cama do_ de lo vistieron. Se fue a sentar en la orilla de la cama y luego se recostó, diciéndome:
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--S1, aquí está tu padre, lo reconozco, voy a platicar oon él...
Lo vi entrar en una especie de trance, rigid! zando su ouerpG_ Sin cerrar los p'rpados, sólo meneaba los ojos hacia ambos lados y, oon los l_ bios balbuceaba, sin entenderse lo que hablabao Call' después de unos cinco minutos, quedándose dormido. No lo quise molestar y salí' de la recámara oerrando la puerta, yéndome a sentar en el sofi, en el mismo lugar donde había muerto; d.
momento sentí un fuerte escalofrío que me re
corrió todo el cuerpo oon un ligero impacto de aire que logró menear levemente las cortinas de
la ventana. Me puse de pie de inmediato y por a_ te de magia me sentí tranquilo, sin la opresión
en la respiración, sin que la piel se me erizara y sin ningún malestar en el ambiente_ Abstraído, el golpe de la puerta al cerrarla, me hizo brin
oar; Zendejas salía de la reoámara, l'P,regunta\!l<1id_'
"
-t;Lo sentiste? Se despidió de tío Ya no estará!:'
en la caea, se ha ido haoia su destino.. -Yo, de,!
concertado, sólo acerté a decirle: .
--¿QQé te paso? ¿Acaso ya eres un medium y practicas el espiritismo?
--No, lo que me sucedió es normal, mi mente debe estar en el estado Beta para poder cQmunicarse
con las almas, ¿quieres saber que me dijo tu padre? -Incrédulo, le respondí:
--No me digas que te dio algún mensaje?
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--S1, y hay te va oon una exp11cac14n previa: el alma de tu padre permaneo!a en nuestro mundo tr;!
tan do de comunicarse con todos los que en vida, dijo, daff', para pedirles su perdóno Ya estaba enterado de su nuevo estado, tus abuelos que lo esperaron, se lo comunicaron. Habl_ de otras co
sas que me interesan, ya que pooas veces he ten! do la oportunidad de hablar con un alma, lo cual
me ba reafirmado mis oonocimientos sobre su exi.
tencia y su exasmosis del ouerpo, a la hora de
la muerte. En el mensaje te dioe que esta casa
te la había prometido; pero que mejor se la _ve. d_ ".tu hermana, ella lo ayud& en su. últimos .flos dándole trabajo y se la merece como oompensaci6n. Que las actas que buscas están en una cajita de madera con doble fondo, dentro del closet, que contiene fotos tuyas ouando eras pequefieo Que 1. perdones por todo lo que no te dio y reo1biendo tu perdón, recibiría el perd6n de todos; despi
di_ndose de tí, se despediría de todos tus herma
nes.No dijo más, no pOdía permaneoer más tiempo,
su madre, tu abuela, lo llamaba y tomándo1e la
mano, juntos, 8e retiraron rumbo al hogar espiri
tual, a presentar10 ante su guía personal.
Me quedé callado. Si no hubiera sido Zendeja8
quien me lo dije, no lo hubiera creídeo Para corroborar su veracidad, era imposible que supiera nuestras relaciones familiares, ya que o6mo du dar de su conexión espiritualoo$ ¡Si teníamos veintiocho aftos de no vemos!
?t:\
Sumido en mis reflexiones, volví a mi al esc_ char a mi amigo, con una petición que me hizo sonreir y pensar que seguía siendo: genio y fi_ ra, por todos los días de BU vida:
--!Ueno amigo, ya cumplí con 10 pedido, me debes una y quiero que .e la pagues. Sabes bien que siempre he sido y lo sigo siendo, un ,inútil para el amor; me inhibo ante la presencia de una mu jer a la que trato de cortejar y no puedo ni se qué decirle, aparte de que o se espantan o co rren o me respetan, ante mi.d_,_'tO.,a3P.,_té.*,'Sé10 tu puedes ayudarme: ¡Oonsígueme otra mujer para tener relaciones con ella!
. . .
26
]---I
JJJFormando fila ante la ventanilla de via pÚbli
ca del Gobierno del D.F., para obtener la 1icem
eia de construcción de una casa habitaoi6n que
había oontratado, me tocaron el hombro, escucha_ do a la vez una conocida voz:
--Hola, amigo y eelega, que milagro y gusto e. ver10. -Vol tea y e_á a mi 1a.do Alana, mi giI1agi..c compaffera; dej9 mi port_fG1iQ$ en el piso y la saludo efusivamente:
-Oómo estás, hermosa amigao -Nos abrazamos cá1! damente demostrando nuestra antigua amistado Mientras llegábamos frente al empleado pÚblico,
charlamos sobre mis lentes y su graduación, el matrimonio y nuestros hijos, la profesión.oo y dem's. Al t4rmino de los trámites respectivos,
la invité a almorzar en un restaur-nte cuya terraza da la. vista hacia la enorme plaza del Z6cal0. Caminando nos trasladamos al local, comentando sobre una posible remodelac1ón a la fria
plancha de la plaz&o Cuando terminamos de alimen
tarnos, de sobremesa me coment6:
--Encontrarte hoy ha sido una loterfa_ Desde ha
ce dos meses por lo menos, que he pensado en t!9 por un problema que quiero me ayudí¡¡u!!f a NSo!r"e:r._' "l_1)ime, para qu_ soy bueno.. o o
--No se si sigas viendo a mi frustrado pretendi8_ te, al mistico y sabio compafiero tuyo..
--Si, si lo veo, nos reunimos hace pace, ¿porqué?
')7
--Lo necesito, mas bien, lo necesita una ín_1ma amiga. Se casó con un'__sgraQ.i"ado que la hizo
muy infelízo Enviudó, creo que va para tres affos1 afortunadamente b(\51.;!t_J\.Y9:h1j,os con ese borracho y la pobre mujer, no' duerme, todas o casi todas e.
las noches, suefia con horrí bIes pesadillas en. .
que el difunto la mortifica; adem.'s lo cree ver caminando por la oasa, la espanta, ní muerto el miserable tipo la deja en pazooo Me interesa mucho que la ayude, aparte de su amistad, ella maneja la Inmobiliaria que le dej6 el muerto y me da la chamba de todos los avalúos que requiere;
¿tu cr(feS que pOdría ir a su oasa?
";""Claro que s! ; pero quisiera conocer la casa y
a ta amiga, hacerle unas preguntas antes, para dar1e a Zendejas mayores datos y vaya preparado_ Qu4 te parece, es casi mediodía y tenía dispuesto perder toda la maflana en estas diligencias; ',; tengo tiempo, ¿podríamos ir ahora mismo?
. . .
La viuda me dejó impresionado, si bien la cara reflejaba las horas de imsomnio, lar' ariprrtla,
la mala vida pasada, su cuerpo era una tentaoión. Extendí la mano y di mi nombre al ser presentado por mi compaflera. ella me respondió:
--Susana, para servirteo -Ciertamente_el nombre le ca:!a perfecto: estaba muy sana, no le dol:!a nada por ninguna parteo Alejé los pensamientos obscenos que revoloteaban en mi cerebre y de in28
mediato me __oqu_ al problBma por el poco tiempo de que dispon!ao
--Según veo, la casa no está oomo para que es panten. -Susana se quedó asombrada y volteó a ver a Alana; ésta la tranquilizó poni'ndola al tanto para que ha b:!a aoudido y ya todos serenos sentados en la sala, bebiendo unos tragos que nos invit6, me platic6 los orígenes, el desarr_ 110, el final y las consecuencias espantosas de
su vida de oasada, tratando en cada momento pGdl!!1l:t' ooncentrame en le que me decía, pues cada vez que Susana cTIlzaba la pierna, me alteraba emocionalmente. Al terminar, le prometí:
-Sin duda alguna, mi amigo te ayudará. :ml re solverá tu problema, ya 10 verás, debes tener fé en él y sobre todo, te agradará su presencia_ Te prometo traerlo el próximo domingo, ¿te par_ ce bien, SI. reserv& de confirmar la hora?
. . .
Escúchame bien Zendejas, no quiero volver a 11amarte Zendejas con Po Aquí puedes encontrar tu futuro; pero antes de todo, te llevaré a la estética para que te cambien ese peinado m. lo Beni te Juárez que luces, y luego a que te oom
pres.,!tro tipo de ropa,mas casual, mas depGrtiva, m&s de joven. Estos trajes fúnebres que usas estan buenos para tu chamba y tu forma de ser, nunca para agradar a. quien trates de enamoraro
No estamos tan viejos y tu no eres feo, algo mal
29
tratad4n; pero te ves bien.i¡,11ndale, vamos a cambiarte de "loGk"!
Llegamos a las siete y media, ya había obsc_ recido, hora ideal -según me dijo- de este" 110C'.
, mento a la madia DGche, para realizar el posible "tra baj o u. Cuando mi amigo sal{ldó a. Susana, se transformó, tomé el aire juvenil y _impático que con su nuevo peinado y vestido representaba y no aqu.el. gesto serio y agrio que siempre mostraba.
Su estatura y delgadez le permitía lucir muy bien la combinación de un blazer y pantalón gris que portaba. A Susana no le disgust6 su presen oia, 10 ví en sus ojoso
De inmediato, como yo 1_ había hecho, reco
rrió la casa, observando todos los sitios. Satis
fecho, pidió permiso para sent_rBe y preguntar
con muoha decencia, si podía platicar con SUsana. Pasamos a la sala y empezó su plática docta: --Si, hay una ocupación; pero es transitoria. Ahora no ha.y nadie, vamos a esperar, mientras,." fuera. tan amable de decirme",.o -ella lo in1;er:n1:! pi& diciéndole:
-nábllAIUe de tú, por favor
--Biea, dime ¿dónde mur1.ó?
--Eft un accidente, chocó su auto, iba borrachoo --Eso explica porqué es transitoria la ocupac1óR y ahora dime ¿qu' religión practicaba? -Católicao
--Perfecto, ¿tienes un crucifijo? -ella asinti6
')n
además u_ pedazQ de mepídeseles a tu sirvieD
con la cabeza-, necesite cate o reata y una vela, ta que nos los traigao
--¿Sirvienta, cual? Si no me duran, en cuante r_ oiben el primer susto, salen volando o -Susana se levaaté, salió de la sala y regresó con les obj_ tos pedidos, entreg'ndoselos a Zendejaso -Corr;\ecto. Ahor-. sólo esperaremos a que se pre_sente el fant_smaooo -La viuda, muy diligente, como buena anfitriona, nos ofreoió:
-¿Quieren un cafecito, un trfB.go o qué desean? -Ellos eligieron c_,é, yo un brandy con el coos_bido refresco; iniciando una charla por separado, Alana y yo de nuestra profesi6n; Sus_na y Zendejas, de sus vidaso
<& . @;
Pasadas las diez de la noche, se irguió mi amigo abriendo sus brazos solicit'ndo que guard_ ramos silencio. Con una señal pidió a la viuda que enoendiera la vela y lo aiguiera_ _l tomó el orucifijo con la mano izquierda y el mecate, enarbolándolo como un látigo, con la derecha".... muy quedo nos dije:
--Les pido perdón por mi léxico; pero así es 10 conducente o -Se dirigió al interruptor de luz y lo apagó, indioándole a Alana que apagara las d_
más(luoes, negándose", Me miró y en'tand:! su sefial,
,"'.:of'\
rápidamente pasé a_,__'Sto de las ha bi taci,ones y
cumplí su orden" Al regresar y pasar por la coc!
31
Da sentí nuevamente el extrafio escalofrío que a_ teriormente ya había experimentado. Nos pidió que nos sent'ramos y unicamente Susana 10 sigui_ ra, elevando sobre su cabeza la vela encendidao No le hice caso y los seguí, y Alana no queriendo quedarse sola, se levantó y fue tras de mío
De _epente, levantó el crucifijo ¡ accionando el látigo, comenzó gritando:
--¡Salte hijo de tu p.oo m_o.! ¡Salte hijo de p_ rra! ¡Lárgate hijo de la ch...! -Caminando, como si persiguiera y tratara de acorralar a alguien que sólo el veía, llegaron a la recámara de Sus_ na, dónde en forma increíble vi cómo la flama de la vela, crepitando se elevaba hasta llegar al techo, formando un remolino ígneo que recorri6 toda la superficie del plafón. Sin parar de proferir pala. braa malsonantes, el fuegotuei_._sm1n_ yendo poco a poco, desvaneciéndose en una sola
oolumna sobre la vela, hasta que su flama reco
\""
bró su tama!_ normal. Zendejas abrió la puerta
"'.
que daba al patio exterior y con el crucifijo al
frente, ordenó:
--¡Quémate en el fuego eterno, desgraciado! ¡Fu_ ra de aquí, hijo de tal por cual! ¡Es una orden
de Jesús,; tu Dios! -Un fuerte viento'J¡g_1ido, sentimos que salía hacia el exterior.- Tranquilamente, cerró la puerta, me indicó oon la vista que prendiera la luz y apagó la vela. Abrazó a Susana, luego retirando su cuerpo, colocó sus, manos sobre sus hombros, -l_".d.¡i.;je:
- 5 'ti___I, J.- ..1Je ",1, ..1.- Jas- ,,)ste.. ,...lmp ,_ lis.. ub
tendrás ni pesadillas ni visitas indeseables.o. '_Hasta ese momento, Alana t_as de mí, dej6 de e_
_errarme sus__-- en los costados de mi cuerpo_
""7'_', . $ .
El alma envilecida de tu esposo, aún no ente,!!
día que había fallecido su cuerpo, que ya no estaba corpórea y por lo mismo continuaba su vida normal, se trasladaba a su trabajo, visitaba a los clientes y amistades y regresaba a oasa, como todos los dias lo hacía; pero ya lo regresa mos al lugar dónde __ber!a estar, al hogar espiritual y al asignarle otra reenoarnaoión, pagari todos los daffes que en esta. vida, h1ze..
Zendejas nos explicaba los sucesos anteriores después de tomarse un breve descanso, recostade en el sofá de la sala. Cuando terminó sus tesis esot4ricas, se puso de pie y me dijo:
--Vámonos, es tarde y maffana tengo que rendir i_ forme al _atronato'rt -Alana se levanté también y antes de despedirse, la viuda le gan6 la palabra: --¿Te vas? Entonces me voy contigo. Por todo le que pasó hoy, no me quedo sola esta nocheo -Rié_ donos todos, y tranquilizándola, salimos de la casa embrlljadao
. . .
El teléfono timbré, levanté el auricular y respondiendo a su llamado, escuché la voz muy c_
necida de mi cuate:
_-_
-¿Elieno? Habla Zendejas() 0$ r:pye, tellamo para 1!,
vi tarte a cenar el próximo sábado rt . '" aquí, ,exfm1.,', 33
--.,
casase. te espero con tu esposa, no me falles,.. es muy impertante para mi, tu presencia... a las siete esta bien.. o ._e cHlt1 de madre si no vienes é
Llegado el dia y hora. fijados, comentando "gon mi esposa que no estaba en casa de Zendejas desde el dia que nos reunimos con Susana, y ya ha
b!an pas,do seis meses, _espués de tocar a la
él . .
puerta,/nes recibi6 con mucho agrado. Cuando en
tramos noté que la casa estaba rempdeia.da y pen,!
tramos hasta sentarnos ante la barra de una ca_ti
- .
nita que anteriormente no existía. Al
por los cambios efectuados a su casa y el buen gusto que reflejaban, dejando de ser una obscura y triste I morada, '1 me contestó/-después de serv1rnos una copa de rcmpope a mi esposa y a mí, lo de _iempre, cuba con brandy_ '_i::¡il._ero___'_"'"__t__'_' en sus palabras que algo se traía entre manos: --Lo de la casa es pa:rte de lo que al f1,nal 138.\.)' bráso Fíjate que varios dias p_$ter1ores de aquel ex.re1eroe que practiqué a la casa de Susana, me 11am6. Quería que la acempaflara, pues e,se i¡jche erA la primera que pasaría en su casa y no se atrevía a pasarla estamdo 801ao Cuando llegué a !\Su lado, le pregunté:
--¿Pero oómo, cuando la casa estaba ocupada por
! .
el espíritu de tu ,esposo, no tenías m1edo, y ah_
ni. que no hay nada que te asuste, lo tienes?
!¿Quién te dijo que no tenía miedo? Le que pas.)"
. que no tengo otro lugar donde vivir ni cabeza
'.\4
para pensar en otra seluci6n. Estos últimos dias que he pasado en casa de Alana, me han servido de mucho, he repensado mi forma de vivir y como no me gust_ dar molestias, aquí estoy para ini
ciar pretendo reconstruir mi vida,
luego del ominoso fracaso de mi anterior matrim_ nlo_ Quiero olvidar todo 10 que sufrí, l_ oasa me 10 recuerda y no quisiera pasar por otra si tuaci6n igual? Lo que vi que hiciste me tiene i_ presionada y sola, no soportaría estar en casa; mientras me acostumbro, ¿me acompañ.ar!as? l'
-_¡Cómo me iba a negar! Estuvimos charlando has
ta cerca de las cinco de la maffana, hora en que
_
me retir6o". respetándola, no te sonrías, me 00
noces como soy" "',. As! fue por varios días; au_ -
que ya se quedaba sola, no se convenci6, ya no
quiso seguir viviendo en esa casa y la vendi6.
I
--Bueno, ya no la voy a hacer tan caohetona& ya
no trabajo en el Panteóno Susan_ no quiere saber
nada que me relacione con los muertos y ahora_ estoy al frente de su Inmobiliaria. Como 10 has notado, mi casa es otra, ella la ha remodelado y yo tambi_n 80Y otro, también ella me ha. camb1ado o Todo esto me ha hecho muy felizu$ y la sorpresa: somos novios y vivimos juntos aquí en mi casa y hoy, te notifico, nos casamoso
Muy contento con la noticia, me puse de pie para darle un sincero abrazo, preguntándole: --¿ y Alana, lo sabe?
'35
-s:(o
--¡Ah! Entonces conspiraron a mis espaldasooo -Soni'>iendo los tres, alzamos los tragos y bebi.'
mos('"a su saludTy a su felicidad"
'i:., '
. 4} ti
Alana y su esposo, mi esposa y yo, fuimos los testigos de su boda" Al término de _a ceremonia, separados de los pocos invitados al festejo,
brindamos los seis y al levantar las copas, le habl& a mi feliz compaffero de la Prepa:
--Amigo, te debía una y que quede claro, estás. pagado, estamos a mano; vas a tener lo que siempre deseaste, y muy bueno, y como punto final de tu vida dedioada al misticismo y a los esp!ritus_ esoogiste el mejor dia para celebrarlo: hoyes 2 de noviembre, el día de los muertos" A partir de esta fecha, 1niciar's una nueva vida para la cual, te deseo toda la felicidad con los meje res augur1os para tu futuro, te lo mereces, Y que de ahora en adelante seas un nuevo Zendejas; pero un Zendejas sin "P" ¡Salud!
Max -Villareal
Noviembre 4, 2006`
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