Por Max Villareal
Recuerdo a mi abuelo tomándome de la mano y caminando por toda la ciudad. A pie me enseñó a observar a la gente, a sus vecindarios, a sus actividades y oficios que desempeñaban, en general, a conocer a todo el pueblo. Principalmente me enseñó amar a la capital, al centro, a sus barrios, a sus calles, a sus edificios, a sus monumentos. Como peatones recorríamos de cabo a rabo, desde el centro hasta la periferia de la naciente ciudad de los años cuarenta, que contaba por aquel entonces con un millón de habitantes.
A su lado viví mi infancia y el inicio de mi pubertad. Todos los días iba por mí al término de mis clases y de la puerta de la escuela partíamos a nuestros viajes; a pie por el primer cuadro o en camión hacia los lugares más alejados. Para mitigar el hambre del niño activo y del abuelo conservador, sólo comíamos fruta en lugares ya determinados y conocidos que con ansia esperaba llegar para devorar unos exquisitos mangos de Manila; cuando era temporada, que en mi escala veía enormes, pero insuficientes para calmar mis reclamos estomacales. Luego alguna golosina o chocolate, que del bolsillo de su chaleco como premio por no demostrar el cansancio, me ofrecía, y que yo me los rechupaba muy contento. El viaje terminaba cuando iniciábamos el regreso a casa, más o menos hacia las seis de la tarde, donde nos esperaba mi abuela, ya impaciente, con los platillos por ella preparados, que devoraba, entonces sí, con gran fruición satisfaciendo mi inagotable apetito.
Realmente él fue para mí, mi verdadero padre y mi abuela, mi madre. Me criaron desde la lactante edad de diez meses a raíz del divorcio de mis progenitores. Y como todo lo bueno en la vida, dura muy poco, así pronto nos dejó. Murió de una embolia cuando iniciaba mis clases en el primer año de secundaria y ahora siento cuanta falta me hizo para formar mi vida. No obstante, todas sus enseñanzas nunca las he olvidado y guardé en mi infantil mente, todos los instantes en que permaneció junto a mí.
Los sábados, previamente, mi abuela nos preparaba un itacate que llevábamos en una bolsa de ixtle y luego, salíamos muy temprano de casa para abordar el tranvía eléctrico que nos llevaba a los sitios que mi abuelo quería que conociera, muy distantes entre sí, en aquellos tiempos: San Ángel, Coyoacan, Santa Anita, Xochimilco y muchas mas partes; pero un lugar era inolvidable: La Villa de Guadalupe.
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En uno de esos viajes, estábamos a un lado del puente de Nonoalco observando su construcción. La Compañía edificadora colocaba largas viguetas de fierro que servirían de apoyo a la cimbra que recibiría el colado de la cubierta, justamente para librar el paso de las vías. De momento mi abuelo, levantando la voz, me señaló con gran aflicción:
"¡Mira hijo, esa mujer se va arrojar!
Levanté la vista y la vi caer. No me impresionó, dado que a mi corta edad, aún no cumplía los ocho años, no determiné si era, un cuerpo o sólo una sábana 1o que caía, en un vertiginoso viaje de escasos dos segundos. Escuché el sordo ruido del golpe del cuerpo al caer y como rápidamente fue rodeado por una gran cantidad de curiosos. Algunos la conocían, murmurando, hablando en secreto, decían: --"Es Doña Lucha". Al oír un llanto, alcé la mirada y una niña, asomaba su cabecita por el barandal del puente y gimiendo, gritaba:
-¾¡Mamá, mamita! ¡Mi mamita se cayó! --Asustada, viendo a más de diez metros abajo la mancha blanca que empezaba a teñirse del rojo de la sangre y que yo también miraba metido entre las piernas de los curiosos. Mi abuelo me sacó del grupo de fisgones y volví a escuchar a la niña que nuevamente gritaba:
¡Mamá, mamita! ¡Quiero estar a tu lado, llévame contigo! --Repitiéndolo sin cesar. Un obrero de albañilería de la misma construcción, la retiró del barandal impidiendo que pudiera caer también. La cargó y bajó con ella por las escaleras provisionales de la obra acercándose donde yacía el cuerpo de la mujer. La puso de pie y corriendo la niña se arrodilló frente a su madre y la abrazó gritándole:
¡No te mueras mamita! ¡No me dejes solita! --Manos caritativas la levantaron y retiraron un poco cuando llegaron las autoridades. El albañil que bajó a la niña atestiguó ante ellos:
-¾La vi llegar con la chamaca, pensé que sería familiar de alguno de mis compañeros que trabajan en la obra, que se acercan para traernos de comer. Se detuvo, cargó a la niña y yo me distraje en mi trabajo. Cuando la volví a ver, abrazaba a la niña del otro lado del barandal, posiblemente se iba a lanzar con ella, pero en un último momento creo que se arrepintió y la bajó por el interior del barandal, a salvo. Con lágrimas en los ojos, vi como le dio la bendición y alcancé a escuchar cuando me acercada a ella:
¡Pórtate bien y cuídate mucho, ahora estarás solita! Y se dejó caer. No pude detenerla. Todo pasó muy rápido.
Un policía inepto, se aproxima al lugar donde una señora protege a la chiquilla y la interroga como si fuera un adulto, con una larga cauda de preguntas que se quedaban sin respuesta:
¿La que está tirada allí, es tu madre? ¿Cómo se llama? ¿Por qué se tiró? ¿Dónde está tu padre? ¿Cómo te llamas tú? -Ella, sólo contestó dando su nombre entre lágrimas, nombre que jamás se me olvidó, encerrándose después en un largo mutismo:
Me llamo Osiris.
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La madre vivía en un cuartucho construido con desperdicios de lámina y cartón en la ciudad perdida ubicada a los lados de la vía del Ferrocarril Central que cruzaba todo el barrio de Atlampa, desde la calle de Crisantema hasta Río Consulado; en uno de los cientos de cuchitriles que albergaban al lumpen de la población capitalina en esa zona urbana. Llegó al cuartucho acompañando a su último marido, un ebrio consuetudinario que trabajaba de peón en unas bodegas de sal cercano al barrio. Por el vicio desaparecía por varios días hasta que le avisaban donde se encontraba tirado e iba ella a recogerlo. Éste, por celos la golpeaba duramente y odiaba a su niña por no ser él, su padre. Por cualquier motivo, la castigaba.
La madre nunca supo en realidad quien fue el padre de su hija. Abandonada por su esposo, quizá por un oculto homosexualismo ya que sus relaciones conyugales fueron muy pocas durante los diez años que vivieron juntos, unión que por lo tanto que no procreó hijos. Sola, empezó a trabajar de sirvienta en una casa de gente acomodada. El hijo de la familia, la empezó a cortejar hasta que ella ávida de deseos, se dejó poseer por él en el cuarto que ocupaba en la azotea de la casa.
Posteriormente, mantuvo relaciones con el empleado de la panadería de origen español, con el cual se divertía el día semanal de su descanso. De esta manera quedó embarazada. Al ser descubierta por la patrona en plena entrega sexual con su hijo, fue despedida del trabajo y desde este momento empezó a rodar de casa en casa, hasta negarle el trabajo por lo avanzado de su estado. Se internó en el Hospital de la Mujer donde dio a luz a una hermosa niña de tez blanca, pelo rubio y con una característica nariz respingada. Al ser dada de alta, cargando a su pequeña, consiguió trabajo como mesera en una fonda cuya dueña le permitió quedarse en el local por las noches, como su dormitorio.
En la esquina cercana a la fonda se ubicaba una pu1quería con el nombre de: "El Templo de Osiris", en cuyos muros interiores se plasmaban como decoración, figuras de personajes egipcios con sus tocados dorados en el pelo como parte de su vestimenta. Cuando a pedimento de algún parroquiano iba a comprar pulque para acompañar sus alimentos, Lucha los veía y admiraba desde el departamento de mujeres del local, pensando que eran sus cabellos. Su hija, de pelo rubio, por semejanza, le endilgó el nombre de: "Osiris".
Creció la niña y crecieron sus necesidades. Un asiduo comensal a la fonda le propuso relaciones y se fue a vivir con él. Al poco tiempo se separaron y se fue con otro y luego con otro. Trabajando como siempre de mesera, en una piquera disfrazada como restaurante conoció al hombre que la llevó a vivir a la barraca, a un lado de la vía del tren. Después de una última golpiza, el marido se fue dejándola sin dinero, en la miseria, sin comida para su hija. Desesperada, sin más ansias de vivir, decidió suicidarse junto con la niña. No la dejaría sola. Caminó hacia el puente, subió por la pendiente del terraplén ya formado hasta lo más alto. Se montó sobre el barandal de concreto, abrazó a la niña, la bendijo y regresándola al otro lado de la protección, se dejó caer al vacío. El cadáver que nadie reclamó, dado que nadie supo si Lucha tenía familiares, después de ser autopsiado, fue remitido a la Escuela de Medicina para su disección y estudio.
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La niña, huérfana, quedó al cuidado de su única familiar: Su madrina de bautizo, otra mujer humilde igual de miserable, vecina dos cuartuchos adelante del que ocupaba Lucha. Propiamente la recogió por conveniencia, no por caridad ni por la obligación cristiana que había adquirido. La necesitaba para cuidar a su hijo recién nacido, dándole trato de sirvienta, no de ahijada y maltratándola por cualquier cosa, trato al cual Osiris estaba ya acostumbrada y recibiendo sólo mendrugos como alimento, como pago a su trabajo. La madrina se llevó del cuartucho de la comadre, la cama que en mejor estado sustituyó por la suya y un ropero con la ropa que contenía. El resto del mobiliario, una estufa de petróleo, una mesa de madera de ocote con muchas marcas de quemaduras y dos desvencijadas sillas forradas con tule, todo esto no se los llevó porque no cabían en su cuarto, desapareciendo cualquier noche, pasando a ocupar su lugar en otro cuchitril más miserable, que carecía de los mismos muebles.
El marido de Lucha, borracho, se apareció un mes después del suicidio, llevándose la sorpresa de encontrar ocupado por otras personas el lugar donde vivía. Le informaron lo sucedido. De la niña no siendo su hija, no le importó ni intento verla; simplemente desapareció y nunca lo volvieron a ver por las casuchas.
Dos años pasaron; Osiris cercana a cumplir diez años, pese a todas las carencias que padecía, era una niña muy hermosa. Pero su belleza llevó atada la tragedia, la desventura la perseguiría, estando a su lado presente por toda su vida.
El esposo de la madrina, vicioso también, la acariciaba soezmente cuando la encontraba sola. Ella se lo comunicaba a la supuesta protectora y en respuesta recibía regaños. La callaba y le decía que era mentirosa; que su marido no era capaz de tal felonía, que imaginaba pecaminosas las caricias que como su padrino, le daba. En realidad la mujer le temía a su hombre. No se atrevía a contrariarlo en nada. A pesar de su vicio, la mantenía y era el padre de su hijo, además su fuente de provisiones y seguridad y si lo hacía enojar por el supuesto reclamo de Osiris quizá podría a sola, ¿Qué haría? No sabía hacer nada y por tanto tendría que solapar todos sus actos.
Una tarde, la madrina salió cargando a su hijo, a comprar los alimentos para la cena. El marido espiaba desde la esquina su salida. Al momento de verla salir se dirigió a la casucha. Osiris lavaba, hincada en el suelo, junto a un bote alcoholero lleno de agua, los trastes usados en la comida. Entrando, de inmediato la abrazó por la espalda, la tiró sobre la cama y a su resistencia la golpeó en la cara provocándole hemorragia nasal. Rompió su ropita interior y trato de violarla. Defendiéndose tiró varios puntapiés acertando uno de ellos en los testículos del hombre. Éste se dolió y la soltó. De un brinco, la muchachita alcanzó la puerta y escapó. Trastabillando el vicioso salió tras ella, la vió cruzar la vía del ferrocarril y sin darse cuenta que a sus espaldas el tren llegaba, cruzó el primer riel. El maquinista accionó el ensordecedor silbato que hizo voltear al supuesto padrino paralizándolo en medio de la vía y sin poder reaccionar para evitarlo, fue arrollado. Despedazado quedó bajo uno de los últimos vagones del tren, luego de que el maquinista aplicara los frenos para detener el pesado convoy.
La niña no se detuvo, vio el accidente y por miedo a los golpes de la madrina que la culparía de la muerte de su marido, continuó su carrera. Huyó de la casucha y del barrio que fue su residencia y lugar de las torturas y martirios padecidos durante su corta vida.
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La encontraron vagando por los alrededores del monumento a la Raza. Una patrulla que la vio con la ropa desgarrada y manchada de sangre, la levantó y remitió a la delegación correspondiente. La sometieron a un interrogatorio y no deseando que la regresaran al lugar del accidente, se mantuvo callada. No pronunció palabra alguna. El médico de guardia la auscultó y por las heridas cicatrizadas de los golpes anteriores y las recientes que mostraba, informó al Ministerio Público que la niña se encontraba traumada momentáneamente. Atendiendo sus lesiones, cuando el doctor le preguntó como se llamaba, sólo contestó:
Me llamo Osiris.
Fue trasladada a los Servicios Sociales del Gobierno y éstos la internaron en la escuela para niñas del Hospicio ubicado al final de la calzada de San Antonio Abad. Su cabellera rubia, sucia, fue rapada y por toda vestimenta le dieron un calzoncito y un ropón de tela burda. Aquí vivió en tranquilidad sin las carencias antiguas y sin los golpes acostumbrados, mostrando muchas aptitudes para el estudio y muy buena inteligencia. Terminados los estudios primarios la mudaron para continuar la secundaria en otra escuela, también dependiente del Gobierno, en la calle de Río San Joaquín, por el rumbo de Tacuba.
A los catorce años, ya convertida en una linda señorita, fue prohijada por la Trabajadora Social de la escuela, la cual escuchó de sus propios labios la etapa de su vida infantil y sus deseos de superación. Terminados los trámites necesarios para su adopción, la Trabajadora, viuda y sin hijos, la llevó a su casa y le dio el calor de hogar y los cuidados que nunca había recibido. A su lado terminó la secundaria y a pedimento de la muchacha, le consiguió trabajo como recepcionista en la misma escuela, en el área de admisión y control de expósitos, empleo que desempeñó con eficiencia al tratar con niños que sufrían las mismas penalidades por ella, vividas. Sus estudios siguientes, los del bachillerato, los realizó ingresando a la Preparatoria nocturna, ubicada cerca de su casa, por el centro de la ciudad.
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A las ocho de la noche cerraban la biblioteca, salí y me dirijo hacia la esquina a esperar el paso del camión que me llevaría a casa. Después de las clases matutinas que cursaba en la Prepa Uno, situada en la calle de San Ildefonso, dentro del barrio universitario de la ciudad, algunas veces comía en una fonda de la calle de Donceles, después, para bajar la comida, paseaba por el primer cuadro -recordando a mi abuelo-, recorriendo las calles, visitando edificios públicos y religiosos, adentrándome en los palacios de los duques, marqueses y condes del virreinato. Pasando las cuatro de la tarde entraba indistintamente, alternándolas, a las bibliotecas ya fuera la de la misma Prepa o la de Hacienda dentro de Palacio Nacional o la de la secretaría de Educación; dado que en mi casa no contaba con un espacio para estudiar y preparar mis clases
De pie, en la esquina del edificio donde se encontraba la biblioteca, miraba hacia el fondo de la calle, esperando la aparición del transporte público, cuando a mis espaldas, escucho un diálogo:
Nó, sabes bien que no acepto.
Porqué no, si sabes que te quiero mucho.
]Porque no quiero así las cosas. Es más, no pienso casarme todavía, quiero seguir (¿estudiando?) No escuché bien.
Puedes hacerlo estando casados, lo que quiero es que seas mía y de nadie más, ¿me comprendes Osiris?
¿Osiris? Al escuchar este nombre, volteo de inmediato. La memoria me remonta a muchos años atrás. ¿Sería la misma niña que conocí aquel funesto día. Calculo la edad…yo casi dieciocho, ella la misma o quizá un año menos… rubia, nariz respingada…¡Había mucho parecido!
Toman camino por la calle de Argentina, rumbo al norte; doblan la esquina en la calle de Colombia y en un viejo edificio de dos plantas, que alberga a una típica vecindad, con su patio central y la escalera metálica ocupando el lugar principal para acceso al segundo piso, se detienen, platican un momento, se despiden; el trata de besarla, ella esquiva la caricia, se separa de sus brazos y penetra con rapidez por el portón abierto, de madera añosa y apolillado. Él se queda un momento sin moverse del lugar y luego toma paso rumbo a la calle del Carmen.
Me regreso y antes de llegar a la esquina acostumbrada, pasa mi camión sin detenerse. Me lanzo corriendo y chiflando tras él, alcanzándolo cuando se detiene a la media cuadra. Lo abordo, pago al cobrador, me acomodo en el asiento posterior y me fijo la idea de investigar si la muchacha es la misma que recuerdo, la de aquel trágico incidente.
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Salgo de la biblioteca quince minutos antes de lo acostumbrado, con la intención de ver nuevamente a mi recuerdo. Llegué a la esquina y volví la cabeza hacia todos los lados. Ella surgió de la calle de San Ildefonso; él la esperaba en la esquina, frente a mí. Carga sus libros y confirma lo que oí: ella estudia y desea continuar haciéndolo. Confirmé que estudia en la prepa nocturna. Sigo sus pasos y se repitieron los mismos hechos que atestigüé la noche anterior y pienso que no me será difícil dar con ella.
Al otro día por la tarde, salgo dos horas antes de la biblioteca. Ya no puedo estudiar por verla nuevamente. Ansioso acudo a la Dirección de la escuela e investigo rápidamente dado los pocos grupos nocturnos formados, a cual pertenecía ella. Cursa el bachillerato de biológicas y de inmediato me traslado a su salón. Terminaba una cátedra y mientras llegaba el siguiente maestro, en el lapso de diez minutos entre clase y clase, la miré y admiré: una cara hermosa, amuñecada, pelo rubio, tez no muy blanca pero sonrosada. El cuerpo, aumentado por los tacones, alto y esbelto, sin prominencias exageradas, como el de las mujeres que modelan.
Al llegar el profesor, el cual me conocía por haber sido maestro mío el curso anterior, le pedí permiso para entrar de oyente a su clase. Fui el último en cruzar la puerta y me senté en un pupitre de la fila del fondo del salón. A las constantes preguntas del profesor que nadie contestaba, yo desde mi lugar levantaba la mano, hasta que se dirigió a mí.
A ver Lavalle, si demuestra tanto interés, pase al pizarrón. --Ésta era mi oportunidad de darme a conocer. Me lucí resolviendo el problema. Las matemáticas me eran de fácil comprensión. Terminada la clase, saliendo los compañeros, esperé su paso y salí casi junto a ella. Me detuvo y preguntó:
¿Quién eres? No perteneces al grupo ni a la Nocturna. No te he visto.
Estoy en la mañana. Sólo que me cansé de estar en la biblioteca, hay mucho ruido y al dar un paseo por los pasillos, vi al maestro que conozco y entre a la clase.
Sabes mucho… me apantallaste.
No te creas, sólo soy oportunista; aprendo, pero únicamente con el libro en la mano resuelvo los problemas, éste me lo sabía de memoria. --Tratando de que fuera mi amiga, le propuse:
Cuando gustes, yo siempre estoy algunas tardes en la biblioteca de la escuela o en la de la esquina: la de Educación. Si se te atora algo, me tienes a tus órdenes. --Me agradeció y continué hablándole para que el tiempo de estar a su lado se prolongara:
¿Me permites acompañarte a tu casa?
No, viene un amigo por mí y es muy celoso. Te causaría problemas. Mejor en otra ocasión continuamos la plática. Adiós. --Me extendió su mano, la retuve por un tiempo mayor al usual y la levanté, acercándola a mis labios. Cuando se dio cuenta que trataba de besarla, con suavidad y sonriendo, la retiró, dio la vuelta y se retiró. Embelezado me quedé contemplando su caminar. Me gustaba y pugnaría para que aceptara ser mi novia, a pesar del cuate que la acompañaba.
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Frente a la mesa, enfrascado en mis estudios, noté que alguien se detenía a mi lado. No levanté la vista hasta que me hablaron:
Oye Lavalle, no vino el de Lógica, invítame un refresco, ¿Si? Casi me caigo de la silla cuando veo a mi lado a la que desearía fuese la mujer de mis sueños. De inmediato cerré mis libros y salimos de la biblioteca. En el cafecito de Don Pepe, sobre la misma calle de Argentina, saboreamos un cuartito de leche con una trenza de pan recubierta de miel; alimentos que eran costumbre comer entre todos los alumnos de la Prepa. El lugar después de muchas asistencias, se convirtió en nuestro punto de reunión. Nos citábamos mínimo, una vez por semana platicando mucho, sin que haya olvidado lo que hablamos la primera vez:
¿Sabías Que tu nombre es de varón y no es femenino?
Sí lo sé; cuando cursé historia universal lo supe. Es egipcio.
¿Y no te desagrada?
Al contrario, suena muy femenino. Me gusta y es original; pero no es mi nombre legal. Cuando me bautizaron en una misa comunitaria al aire libre, en una capilla del barrio donde vivía, el sacerdote no aceptó el nombre por ser extranjero y no cristiano. Le propuso a mi madre el de Otilia porque sonaba parecido y ese me puso; luego con este nombre me registraron cuando ya cursaba la primaria. Yo sigo diciendo que me llamo Osiris, como mi nombre verdadero o que así me decían de cariño cuando era chica. Además, me agrada.
Ya con más confianza entre ambos, por las muchas reuniones que teníamos, me contaba sus cuitas y mucho de su vida aunque muy poco de su infancia, quizá por el infausto recuerdo que albergaba en su mente; sólo me comentó que su madre había muerto en un accidente por el puente de Nonoalco, cuando ella aún no cumplía los siete años de edad y que ahora vivía con su tutora, la cual al quedarse huérfana, la había adoptado. Nada más; pero suficiente para mi, que corroboraba su identidad como la misma niña que vi en aquel aciago día.
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Por los deseos tan grandes que tenía de superar la miserable y sufrida vida que llevó durante su infancia, rechazaba todo sentimiento de amor o de relación hacia los muchachos y hacia los hombres que la asediaban. Lo supe cuando con mayor claridad, cuando quise cambiar nuestra amistad por algo más íntimo: me le declaré:
Osiris, me gustas mucho, lo sabes bien desde que te conocí y te lo he demostrado: ¿Quieres ser mi novia? –No me contestó, tomó mis manos entre las suyas y con sinceridad me dijo:
Mira Lavalle, me caes bien, creo haríamos buena pareja; pero no quiero distracciones. No quiero enamorarme. Mi meta es el estudio y mi carrera. El amigo que tengo, aunque el se considera mi novio, mas bien es mi guardián nocturno. Sabes que salgo noche de la escuela y me protege de los muchachos del barrio. No tengo con él ninguna relación que pase del beso en la mejilla y un abrazo. Hasta ahí he permitido nuestra relación, él, me pide todo, desde boda hasta que seamos amantes, está loco por mí; pero lo controlo y no se propasa conmigo. Sigamos mejor como amigos, como condiscípulos ¿Te parece?
Claro Que sí; pero no olvides cuando te decidas: yo estaré en el primer lugar de la primera fila de tus pretendientes
El rehúse al amor provenía de sus pesadillas. Recordaba a su madre en sueños, viendo como abría los ojos, casi desorbitados, ante su padrastro; cuando sumisa e indefensa ante él, tras golpearla hasta el cansancio, la poseía sexualmente con todo exceso de crueldad. Por las noches no la sacaban del cuartucho, la metían bajo la cama para que no los viera. Ella, asomando su carita mugrosa, observaba los infamantes hechos, acallando sus gritos y sus lágrimas por el temor al hombre, mordiendo una muñeca de trapo, su único juguete que poseía.
Despertaba muchas noches gimiendo, asustada, las angustiosas pesadillas le recordaban su niñez y a su tolerante madre. Odiaba a su padrastro y por analogía a todos los hombres y no permitiría que a ella le pasara cosa igual.
Estudiaría, se superaría, para que su vida no dependiera ni estuviera bajo el mando de hombre alguno.
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Celebraban las fiestas de la Virgen del Carmen. Gran feria y kermesse en el barrio. Osiris al regreso de la escuela luego de llegar a casa, salió en compañía de su tutora, a la celebración de la Santa Misa en la iglesia de la Patrona de la colonia. A su término, en la plaza del Estudiante se sentaron en uno de los múltiples puestos que se instalaban, a degustar unos deliciosos buñuelos. A su lado, pocos momentos después, se les reunió Francisco, el novio guardián. Con él recorrieron todos los juegos mecánicos y cerca de la media noche regresaron a casa en su compañía.
A media cuadra, caminando por la calle de Girón, fueron asaltados por un grupo de pelafustanes y viciosos del barrio de San Sebastián. A la tutora le arrebataron su bolso y de un golpe cayó al suelo, perdiendo el conocimiento. A la muchacha, le pegaron rudamente noqueándola. La arrastraron hasta la entrada de un oscuro zaguán para tratar de violarla tumultuariamente. Al presentar defensa Francisco, contra todos, primero fue acuchillado y como siguió presentando resistencia, fue baleado recibiendo un tiro en la región de la pelvis. Al sonido del disparo se acercó mucha gente asistente a la feria, dándose cuenta de la situación en que se encontraba Osiris, impidieron que la joven fuera violada. La rescataron de los maleantes que como todos los cobardes, corriendo, huyeron por toda la calle perdiéndose entre las sombras de la parte posterior del mercado Abelardo Rodriguez. Francisco fue conducido por una ambulancia al Hospital Ruben Leñero de la Cruz Verde. Con una atención oportuna, le salvaron la vida, pero quedó inválido, no pudo recuperar los movimientos de sus piernas. La tutora y Osiris, se recuperaron tiempo después de sus golpes; pero el intento de estupro a la muchacha, quedó impreso en su memoria, junto, con claridad, al que recordaba la ocasión anterior, cuando su padrino intentó mancillarla en aquella casucha de negros recuerdos. Por esta causa y viendo lo peligroso del barrio, se cambiaron de domicilio muy al norte de la ciudad, casi al final de la avenida Eduardo Molina, en una colonia nueva.
Al terminar de estudiar la Prepa, con el apoyo de su tutora dejó de trabajar para dedicarse de tiempo completo a su carrera. Ingresó a la Escuela Nacional de Enfermería, y yo; a la flamante Ciudad Universitaria, recién inaugurada. Por estos motivos, no nos volvimos a ver, hasta mucho tiempo
Terminó sus estudios recibiéndose de Enfermera Obstetra con mencion
El inválido trabajaba administrando una bodega de telas para cor~nas y decoraciones en la calle de Mixcalcoo El amor le daba fuerzas
--cásate conmigo, Osiriso Te amo mucho o
--Entiéndeme Pancho, yo no puedo dejar mi vida, estoy muy ocupadao To do el tiempo se lo dedico a mi trabajo y no pienso dejar de hacerloo
No hay espacio en mi vida para el amoro --Entonces, vamos a vivir juntos
--Mira Francisco, no es posibleo Somos muy diferentes, tenemos vidas muy disímiles, no congeniaríamoso Compréndelo por favoro
~l callaba; pero en su interior le hervía la sangreo Despechado y celoso, s610 pensaba que Osiris le pertenecía y no sería para nadie
máso Su amor se estaba transformando en una pasi6n insana, y no escu-
chaba las palabras de la muchacha:
--Yo no me voy a casar con nadieo Si sigues pensando mal de mi, dejaré de visitarte, creo te hago mas daño, reuniéndonoso
--Si lo haces, yo, como pueda iré a verteo Soy un cojo, pero no inú til, tenlo por seguro que me rehabilitaré y te buscaré o
Osiris se retiraba, entristecida, le dolía mucho la situación de Francisco y se hacía la idea de ya no regresar; pero era mucho 10 que
le<~.debía -quizá hasta la vida-, y su agradecimiento la obligaba volver, aunque en estas visitas in~rementaba la pasión del muchacho, hacia ellao
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En el hospital conoci6 a un médico internista que atrajo su interés; primero por sus conocimientos, luego por su afabilidad y final -
mente por su apariencia varoriilo Se hicieron amigoso Aceptaba su com/\ pañía cuando le proponía llevarla a su casa, sobre todo al término
del segundo turno, cuya salida era de nocheo En una de estas viajes nocturnos, le propuso tener relaciones. Osiris se negó, le permitiría
la amistad como compañeros de trabajo; pero hasta allí, sin intimi~ar en lo absoluto. ~l no cejó y continuó invitándole a comer o cenar, d~
pendiendo del turno en que salierano Sin poderse sustraer al atracti~c vo del médico, le comentó y pidió consejo a su tutora:
--Piénsalo bien hija, yo ya~oy muy vieja, pronto te quedarás sola y qué mejor que verte casadao Si no hubiera sido por ti ¿Qué hubiera si
do de mi vida? No quiero que tu vivas en soledad como yo después de
perd~r a mi esposoo
--Pero es que yo no deseo casarmeo No va en mi el matrimonioo Además no lo amo, me gusta y yao
--El amor puede llegar despuéso El gustarte es un buen principioo No sabía que hacer, tampoco le parecía que finalmente viviera solao
No tenía amigos, ni amigaso Solo compañeros de trabajo con los que no alternaba en ningún acto de convivenciao
Recibió la invitación del doctor para cenar y bailar en un buen si
tia por el sur de la ciudado Aceptóo No acostumbrada a frecuentar es-
te tipo de diversión con música suave, a media luz, y con la cercanía
varonil junto a ella, la alterarono Cerró los ojos y se dejó llevar
por la euforia de las caricias y el romanticismo del lugaro Abandonaron el restauDante y desconociendo la situación en que se encontraba,
ajena a ella, algo tomada y el corazón saltándole en el pecho, no escuchó la proposición de su acompañante o
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De momento sintió una respiración frente a su cara~qcr~:le besaba
las mejillas y los oídosooo y recordó el resoplar con fétido aliento
~
alcoh6lico en la boca babeante del supuesto padrino tratando de vio -
larla y volvió a ver la cara sádica con ojos saltones del maleante
que apestaba a sudor desc~mpuest09mezclado con olor a ropa mugrosa,
cuyo cuerpo montado sobre ella, dispuesto a deshonrarla; al recobrar
o . o el conocimiento cuando los asaltaron/~Abri6 los ojos y se vio acostada sobre una cama con el médico semidesnudo, sobre ella, tratando de
quitarle la ropaooo Gritó, lo empujó con ambos brazos cayendo éste al piso, brincó de la cama, vio su bolso, lo tomó y salio corriendo del
cuarto de hotel donde la habían llevadoo En la callea~~6un taxi con
~~mbo a su casao Al acostarse, sa~~e su almohada, lloró copiosamente sin saber la causa, si por el ominoso recuerdo o por;~~nuevo intento
fil~i~o~~~i-~~~9i}1{.t~~n~§~~ que su cita terminara de es:a ~~n~~, acrecentando su odio hacia los hombres que sólo pensaban en~~w~~~~~ permitiría ser tocada por nadieo
$ $ Q)
La esposa de un compañero de trabajo dio a luz a su primer hijoo Los visité en el hospital para compartir su alegríao Muy felices, ella
me dijo que su parto considerado de alto riesgo, fue excelentemente atendido por una doctora llamada Osiris, muy eficiente o Sin duda alguna
pensé que sería ellao Muchos años sin verla, sin saber de su vida que, despidiéndome de la pareja, fui a buscarla a la sala de enfermeraso Me
reconoció antes de que yo pudiera verla:
--¡Seguro que tu eres Lavalle! o diré mejor: el Arquitecto Lavalleooo
--Ingeniero, Osiris, no me cambies de sexo o Con un efusivo abrazo, dimos salida al gusto de volvernos a vero
~-¿Ya te casaste Lavalle? - no esperando su ~r~gún~l;~en broma, mentí:
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--N6, aun estoy esperando a que me des el sf~ Yo sigo siendo tu fiel enamorado, nunca te he olvidadoooo a menos que tú seas la casadao
,. ----~~ ~
--¡Ja,ja! Yo no me casaré o Para mi es~a7Veoado el matrimonioo -Me sentí feliz viéndola reir, casi nunca lo hacíao Siempre seria y su risa
aumentando la belleza de su rostro, la ilumin6o Fuimos a la cafetería del Hospital y apenas empezabamos a charlar
un poco sobre nuestras vidas, cuando fuimos interrumpidos violentamente~ Un joven por~ando bata médica, con un saco femenino en la mano y
una bolsa donde se notaban un par de zapatos y unas medias de mujer,
la increpaba:
--¿Qué paso contigo anoche, Osiris? ¿Porqué te comportaste de esa ma-
nera? -Levantándose, con bastante molestia, le dijo:
--Mira, te presento al Ingeniero Lavalle, un condiscípulo mio desde
la Prepa. -Me puse de pie y extendí la mano... Me dio la espalda, ignorándome; dirigiéndose s6lo a ella:
--Necesito, mas bien te exijo me des una explicaci6n,porqué corriste. --Tú no eres nadie para exigirme nada, ni te he dado lugar para habla~
me de esta formao -Arrebatándole el saco y la bolsa, que le pertene cían, le contest6 mostrando su enojoo Pensando que estorbaba en una~ '~
discusi6n de pareja, me despedí de ella sin dejar que pronun-C:Lara palabra alguna, y me retiréo
. . $
La disputa no termin6 en la cafeteríao A la salida, por la puerta de personal, la esperabao La tom6 del brazo y encamin6 hacia el esta -
cionamientoo Con violencia trat6 de introducirla a su autoo Ella se re sisti6 forcejeando y manoteando tratando de 'iafarce de su brazoo
Por entre los autos, cojeando, apoyándose en una muleta, Francisco!!
que tambien esperaba la salida de Os iris, desesperado por la larga a~
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sencia de su novia, se dirigía hacia la pareja 10 más rápido que su
discapacidad se 10 permitíao Había visto el jaloneo que a su amor le estaban propinando o Sin pensarlo dos veces, llegando por la espalda
del médico, le sorrajó terrible golpe en la cabeza, con su muletao C~ yó sobre el cofre del autg de junto y accionándola nuevamente, conti-
nuó pegándole hasta caer al piso, desangrándoseo Osiris, sin pOderlo
evitar, le gritaba:
--¡Para Francisco! ¡Detente, no le sigas pegando, lo vas a matar!
--Pero, es que te estaba maltratandoooo y yo no permito que nadie te toqueooo-El personal del hospital se arremolinó a su alrededoro En una
camilla metieron al herido por la entrada de Urgencias y el personal de vigilancia detuvo al inválido agresor o mejor dicho: defensoro
Al día siguiente; con el médico grave, en estado de coma; con Fran-
cisco en la cárcel acusado de agresión; con el Director del Nosocomio
,
molesto por el escándolo causado que daba mala reputación a'~la institu ción; despidió sin recomendaciones, a la bella enfermerao
$ $ $
Presto a salir de mi despacho, recibí una llamada Delefónica. La es
posa de mi compañero, en el hospital, le dio el número: Era Osiriso Se disculpó conmigo por lo sucedido en la cafetería y deseaba platicar
conmigo. Quedamos de vernos en un restaurante del primer cuadro, frente al zócalo capitalino o Comerí~mos juntoso Al reunirnos, nos sentamos
ante una mesa, en un discreto reservado y me extrañó verla muy triste, mareándose en su rostro unas ojeras, que,~~~~~ban horas de llantoo
--y ora ¿Qué te pasa? ¿Te noto muy apachurrada? ¿Acaso es tu día de descanso y como nunca dejas de trabajar te sientes mal? -Le pregunté y
se mantuvo callada-~--¿Qué sucede? -Antes de contestarme, se soltó llorando, cubriendose la cara con ambas manos:
--Me despidieron del hospitaloóo -Respeté sus lágrimas guardando sileE
~.
- ,~.
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----"
cioo E~~~Ell~os minutos, le pregunte, angustiado al ver su estado: --¿Pero porqué? ¿Qué pasó? -y entre sollozos me platicó lo sucedido
en el estacionamiento despues del incidente que presenciéo La escuché y con seriedad le pedí me explicara el origen de la reyerta:
--Si quieres contármelo, bien; sólo te pido seas sincerao Si né, respeto tu privacidado -Secándose las lágrimas empezó diciéndome:
--Creo que lo mejor será contarte todo desde el principioo Inició pla ticá.ndome la parte de su vida --que conocía: el doloroso
suicidio de su madre y las¡~ai[~~c~i~~~o2~~g~naron, cuyos recuerdos
"-" "-e", -,~ - - -"-
se manifestaban en las angustiosas pesadillas que sufría o Luego, lo
que ignoraba: Lo azaroso de su infancia; los intentos de violación y
el accidente del padrino; los ingresos a los hospicios; los golpes y
el estupro frustrado durante el asalto callejeroo Pero me hizo hincapié, cómo estaban afectando a su mente los ataques sexuales. sufridos,
que se le revelaron estando a solas con el médico en el cuarto del ha
tel, culminándo con su rechazo a tener relación íntima con élo Hecho
que ocasionó, lo que me platicó al inicio de la reunión y que terminó con el ataque del celoso novio guardían;que conocía desde un principioo
~Q~eiuyendo la casi confesión de su vida, con esta aseveración:
--Pienso que debo consultar con un psiquiatraooo --¿Psi~~~t~~1~:~,!¿Para qué? Es muy doloroso lo que te ha pasadoo Has vi
- " -', -c"<:::",", "~
vida épocas y días aciagos; pero tú eres médica y sabes lo principal
de tu caso: Estás traumada sexualmenteo Debes saber que si conoces el origen, causa y consecuencias de:~un:~rauJna, ¡:mste ya no existe! Si el
problema es el rehuse a una relación sexual, o más claro, a tener cópu
la con un hombre, debes consultar a un Sexólogo que te orienteo Mira,
como siempre, en el propio cuero los problemas se ven sin soluciónQ
Sin embargo, desde fuera, yo lo veo muy claro: Si el trauma sexual ha sido provocado por actos ajenos a tu voluntad, ¡Hazl0 por tu gusto!
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En tu propio juicio y normalidad, aceptando el acto como un asunto p~ tológicoo ¡Cásate o arrejúntate! Escoge a la persona idónea y entrég~
te a él; si no sientes placer, no importa, lo Que interesa es Que ro~ pas el traumao La satisfacción y el gozo, con la experiencia puede -~
llegarooo ¡Inténtalo! Ya ?O eres una jovencita, eres toda una mujer sin prejuicios o mojigatería con respecto a ~A virginidado
--Pero comprende mi situación, tantos años de vivir encerrada en mi
misma, eludiendo todo contacto o relación con mis compañeros, como una beata, introvertida sin serIo, sin amistades, Que me ser~ dificilo
--Nada es dificil, todo estriba en Que te avienteso --Bueno, como dices, me aventaré: ftRe~uerdo tu proposición Que me hi -
ciste hace tantos añosooo Sí, acepto ser tl1 noviaooo
--Osiris, mi vida, el amor de mi juventud, la novia de mis sueños de estudiante; si esto lo hubiera escuchado hace tres años, de aQuí hu -
biera salido brincando de gusto, ascendido a las torres de Catedral y repi~á~las campanas por la alegría de lo Que acabo de escuchar; pero
no es posibleo Sin Querer te mentí anteayer: ¡Estoy casado!
~ $ $
--Fíjate Que no consigo colocarme, es posible Que el Director me h§ ya boletinado a los demás hospitales privadoso Me ofrecen trabajo en
algunas maternidades muy rascuaches, sin Quir6fano, sin servicios com-
pletos, sin higiene y no me conviene; mucho menos el sueldo, es muy r~ Quíticoo Por eso he pensado mejor modificar mi departamento y adaptar-
lo como clínicao Necesito tus servicios y tu ayudao ¿Cuándo vienes?
--Qué te parece el próximo domingo, así aprovecho Que nos invites a al
morzaro ¿De acuerdo?
Osiris me llamó por teléfonoo No dejamos de frecuentarnoso Conoció a mi esposa y aceptó nuestras invitaciones a convivir en é~~1-Y
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sos sitios de diversión por la ciudadó Trágicamente la visita se adelantóo Su tutora, la noche del jueves
anterior a la cita, falleció de un paro cardiacoo Al sepelio la acompañaron algunos vecinos y de sus amistades, sólo mi esposa y YOo
La soledad empezaba a causar efectos en su vidao Ya no aceptaba
las invitaciones aduciendo cualquier pretexto, por lo que optamos me-
j or ir a visi tarlao:(wn~~- su aislamiento el hecho de acudir al Hos~i cio donde estuvo internada, para solicitar en adopción a una niña co-
mo ella, para ser su compañía, y se la niegano Ahora los trámites exi
gen que sean parejas, de matrimonios legales, los solicitanteso A Francisco, sólo dos domingos asistió a visitarlo~a~~~Íusorio,
porque la segunda vez, él la corri6 de la sala de visitas:
del --Ya no regreseso Ya no necesito tus visitaso Tu amor/que nunca he re
cibido una migaja, ha trastocado mi vidao Creo que ya no te quieroo A quí encerrado he analizado tus actos, me has utilizado, como un tonto
te he seguido y cuidado como si fuera un perro y no un hombreo Ahora tal vez te odio y cuando salga me vengaré o Me he rehabilitado, ya ca-
si estoy bieno Camino sin ayuda yao Tambien estudio contabilidad para superarme y lo lograréo Vete, aléjate de mioooKdá~~-su guardián dio
la vuelta y desapareció tras la ancha puerta que separaba la sala de
visitas de las celdas donde
:~~su condenao Osiris se qued6 de
c' , '- -'"
pie en el mismo lugar, largo ratoo Pensativa y cabizbaja, abandonó la prisión, sintiendo en su pecho que se le abría una dolorosa heridao
6} $ 6}
Resi~ia~"",:: a su soledad, amargada, triste, burlándose de ella misma §.I;~~~~~i);,.~:.,que se recibió de enfermera y se doctoró como solterona,
se levanta del sillón de su escritorio o Ha terminado la hora de consul ta o Ya es de noche o Se dirige a cerrar la puerta de i~ clínica que le
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adapt~ en su departamento: En una recámara el quirófano; en la otra
se colocaron dos camas divididas por un biombo para la recuperaci6n de las @arturientas; la sala como salita de espera; el comedor como
su despacho y consultorio,y la alcoba como su dormitorioo Sólo cuando tenía pacientes, una joven vecina le servía de auxiliar para preparar comida y atender a las madreso Esa noche estaba solao
Cerró la puerta, al ir por la llave para correr el pestillo, se qui t6 la bata bajo la cual por lo caluroso del día, unicamente vestía~~~
fondoo Toma la llave y al tratar de meterla en la cerradura, repentin§ namente se abre la puerta y bajo el dintel aparece la figura de Fran-
cisco, que la ve en silencio4' Dando un1;rinco, exclama:
--¡Qué susto me has dado! ¿Qué haces aquí?
~-Sólo vine a decirte que h~ce un mes salí libre. El médico está a sal vo y retiró los cargos. El juez redujo mi condena. M'e diero1 trabajo en
la fábrica textil, soy auxiliar de contador y veas que me ha rehabilitado el odio hacia tí; pero mis deseos de venganza se han esfumado, vi
ve tranquila, yo no intentaré nadaooo Mientras Francisco habla, ella se da cuenta que está semidesnuda, toma la bata y se cubre el frente
de su cuerpoo ~l la observa, la recorre con la vista y se le acercao
Espantada, tratando de ponerse la bata, se escurre de su cercanía bus-
cando la .puertao La toma por un brazo y de un empellón la arroja sobre el sofá de la salitao Cierra la puerta, de un paso llega ante ella y
le arranca la bata y rompe su fondoo Cubriéndose con los brazos sus senos descubiertos, intenta gritar; antes de hacerlo recibe un golpe
en plena cara que le hace caer de rodillas, levanta la cara abriendo
desmesuradamente los ojos, y recuerdaooo Ve a su madre en la misma po-
"
c.,'~- C"=--~
cisión en que ella se encuentra, la ve desde ~~~~~~~~;oajo la ca-
ma, después de ser golpeada por su padrastroo La ve y su memoria aclara el sentimiento que ahora la' embarga: Los ojos de su madre no expre-
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saban terror como ella pensaba, sino deseo, el deseo de ser poseídao Ahora 10 comprendíao Ve a Francisco por primera vez como hombre, des-
nudándose frente a ella con su cuerpo atlético, su pecho un bosque de
rizados vellos, muy varonil, y 10 que reflejan sus ojos es un deseo,
~
-, -'- ~~- '~C', - ,,~- - :iC'.":.,. '--=-~"--- ~::::. ---'~""- - .' ~.;';;,'.'.'
un deseo incontrolab1e de ser suya,.GJ:; -~Jt1'L'S-~gojP:~f:~¡y~-'~s.:t~~~-p~~iUa
'::'2-c~ -i::~,:-c2.:c.27c '.' ""~Ac'}:~~.j.;.---s-j:::,,:c:;<-,,: cJ.Y---"
a soportar todo lo que le hagan y como su madre, sumisa, -baja los br~
sos~y relaja su cuerpo que vibra de emoci6no Sin violencia, con suavidad, siente como la levanta y acuesta en el
sofáo Y se entrega, con anhelo, al hombre que siempre había esperado,
y sus ansias son satisfechaso Cansada, sobre el sofá, desnuda, coge la bata y se cubre parcialmeEc
te~su cuerpoo Tirado, también desnudo, sobre la alfombra, a su lado,
Francisco se sienta, alcanza su ropa y empieza a vestirse con el fin de irseo Le detiene 'bus movimientos con una mano y con tono melifluo
y suplicante, le dice:
"N o te vayas o o o 11
$ (t e
Justo al año de la inauguracf6~-~e la maternidad, mi esposa y yo fuimos invitados al festejo; pero no por la efemérides, sino para estar
~ al lado de mi compañera~ En su propio qUir6fano dio a luz a una hermosa niña de cabello rubioo Francisco, a su lado/-orgulloso padre y admi
nistrador del hospital-, nos recibi6 con una caja de chocolateso Con un abrazo le manifesté mi alegría y lo felicitéo Desde la cama, recos-
tada, con voz que reflejaba su alborozo, ~nriendo, me dijo:
--Ingeniero Lavalle, le presento a su futura ahijadao -Descubriendo
una cobijita que la tapa al momento de estar amamantándola, la veo:
--¡Pero si está más linda que la madre! Si voy a ser su padrino, debo
saber ~~~que nombre la bautizaremoso -Rápidamente, sin titubear, dice:
--Ella sí se llamará: Osiriso
Max Villarealo octubre 1998
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